Durante la pasada década, en la cual el llamado efecto Bilbao ha producido la proliferación de arquitecturas espectaculares como medio de rebranding urbano, el efecto Dubai también se ha hecho sentir por doquier, y muy especialmente en aquellos países en curso de integración en los mercados globales, que hallaban en el emirato un referente de éxito. Tras el desplome financiero y el rescate por parte de Abu Dabi, muchos buscarán en las políticas más sosegadas de este último un modelo alternativo, y quizá lo encuentren en el gran proyecto de Masdar, una ciudad carbón-neutral, sin residuos y sin coches, que actualmente construye allí la oficina de Norman Foster, y que usa la morfología de la ciudad tradicional islámica: compacta, de baja altura, con patios y calles estrechas sombreadas.